jueves, 22 de diciembre de 2011

lunes, 12 de diciembre de 2011

La campal.


Pinche borracho gritaron por ahí. Madres que se voltean todos y sobres, que le caen encima al cabrón ese.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El otro era yo.

Fue en mi juventud cuando me contaron esta historia. Viajaba en un taxi de la capital y de pronto el conductor comenzó a hablar acerca de su vida y experiencias. Era de noche y tenía un largo viaje por delante, así que escuché atentamente su relato:

--Era joven, como usted, en la mera flor de la juventud y ya tenía muchas ilusiones. Cuando uno es joven se ilusiona mucho con las mujeres. Uno cree que todo es fácil y así fue que decidí hacerme novio de una chavita que tenía otro novio. Se puede decir que el otro era yo.

Y si, joven, uno cree que todo es fácil y empiezas a enamorarte, como si el primer novio no importara, como si la chavita se fuera a enamorarse igual de ti. Así pensaba cuando era joven e ingenuo; por un momento me vi junto a ella, compartiendo la vista de un atardecer, tomando un helado juntos, caminando de la mano por el parque.

Por un tiempo pensé que sentía lo mismo por mi, su mirada me lo decía, sus ojos no podían mentir; eso creía yo. En realidad todo fue un engaño. Ya con el paso del tiempo me di cuenta de eso. Para ella fui un juguete, una aventura. Al fin y al cabo, si la relación conmigo no funcionaba, siempre estaría su novio, el oficial, el primero.

Y si, joven, tardé en darme cuenta de eso. No le daba importancia a sus repentinos cambios de humor conmigo, hacia de menos sus constantes rechazos creyendo que eran para guardar las apariencias. Como le decía al principio: puse mis ilusiones antes que todo y no me dejaron ver la realidad de las cosas: que simplemente no me quería.

Meses más tarde, ella se casó con su novio y yo tomé mi maletín y seguí mi solitario camino. Nunca más supe de ella, de verdad espero que le haya ido bien en la vida.
***
Al finalizar su relato guardo silencio el resto del camino. Pude notar un par de lagrimas nostalgia y debido a eso no me atreví a formular preguntas. Me sorprendió bastante lo que puede ocasionar el recuerdo. El dolor seguía presente a pesar del tiempo transcurrido.

Aquí debería terminar la historia de desamor, pero estaría incompleta si deja de lado mi propia experiencia:

Mi destino era la casa de mi novia. Simplemente iba por ella para salir al cine; me sorprendió ver un coche estacionado frente a su casa. Llamé a la puerta y salió ella, me miró de forma bastante peculiar y se limito a decir que su exnovio había regresado por ella. Que quería regresar con él y que lamentaba mucho la situación.

Sus manos no dejaban de sostener y acariciar un par de rosas que le había regalado su ex… un par de rosas la convencieron de botarme. Simplemente me coloqué los audífonos y tomé el siguiente taxi a casa. 

martes, 11 de octubre de 2011

Chalco.

Ps la vida allá no es tan mala... salvo por que hay levantones seguido, amenazas de muerte al lugar donde trabajo, un chingo de regetoneros, asaltos y un pendejo que probablemente esté pensando en madrearme.

En fin, Chalco es divertido. Hay mucho que ver aunque me la pase encerrado en mi agujero Hobbit (así llamo a mi cubículo de trabajo).

Otra cosa bonita de vivir allá, es que estoy solo y me da tiempo de escribir y leer. Ceno papas fritas y refresco y vivo en silencio.

Lo que si confieso es que extraño demasiado a mis amigos, más que a mi familia.

viernes, 13 de mayo de 2011

Esclavo.

Con voz firme, el dueño llama a su esclavo. Exige su presencia en el menor tiempo posible y vocifera órdenes –¡Trae esto! ¡Limpia aquello!—Esa es la rutina. No hay día de descanso, no hay noche para dormir; el tiempo debe ser para servir al amo y conforme transcurren los años se pierden las ilusiones y marchitan las esperanzas.

viernes, 6 de mayo de 2011

Sombra.

¿A dónde voy? La oscuridad me rodea y no veo claro. Me asusta proseguir pero me siento incapaz de detenerme. Mis pasos son lentos y mi andar confuso pero sigo adelante manteniendo viva una falsa esperanza.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Cosas buenas pasarán.

Cuando escuché mi despertador en la mañana, ya sabía que sería un día diferente. De entrada ya tenia planes para el comienzo de día, pero al regresar, recibí la mayor sorpresa: La página web de los Naabs ya está funcionando y tiene cuenta de tuiter.

Para empezar, ¿quienes son los Naabs? A grandes muy grandes rasgos, somos un grupo de aficionados a los videojuegos, la música, el cine y demás. Si quieres averiguar más sobre nuestra dinámica, entra a la página www.1upgrade.net Apenas vamos en fase beta, pero pronto encontrarás un espacio para echar desmadre con la banda. Los foros ya están funcionando para que compartas tus ideas con la comunidad.

No olvides seguirnos en Twitter @oneupgrade.

Y respecto a las actividades matutinas, el colectivo de escritores al que pertenezco, La Horchata, tuvo una entrevista para Radio Universidad UAEH. Hablamos sobre nuestro proyecto como escritores y dimos a conocer parte de nuestra obra. La entrevista saldrá al aire el día jueves 5 de mayo a las 12pm por la frecuencia 99.7 en Pachuca, Hidalgo.

Para quienes nos visitan desde otras lugares puede escuchar la entrevista desde esta dirección.

Estén al pendientes pues apenas es el comienzo... cosas buenas pasarán.

miércoles, 27 de abril de 2011

Historia de una noche.

Entonces salió de la habitación en ropa interior y yo no pude contener una carcajada. En verdad era una imagen muy graciosa pues apenas y pudo detener su bra antes de que cayera y dejara al desnudo sus hermosos pechos.

Dio medio vuelta y regresó a la habitación. No pude evitarlo... le eche un pequeño vistazo a su cuerpo semidesnudo, sobre todo la parte abajo de la espalda, que apenas se ocultaba debajo de unas pantaletas rosas.

Me quedé riendo por un tiempo hasta que lanzó un grito y preguntaba, tras puertas cerrada, quién era yo. Traté de adoptar una expresión seria y confundida, pero la risa era demasiada. Eso causo una mayor molestia en ella.

De pronto mis carcajadas se vieron interrumpidas pues un zapato rojo pasó volando cerca de mi cara y mi risa se convirtió en temor... por unos instantes. Decidí que era hora de hablar al respecto; una pequeña muestra de cortesía.

Mira --dije-- no vengo a hacerte daño. No ocurrió nada entre nosotros la noche pasada... aunque de verdad lamento que no haya pasado --justo aquí, saco su mano del cuarto y me arrojó el otro zapato rojo.

¡Calma! --Grité-- Ya te dije que no voy a hacerte daño, simplemente quiero que me regreses la cadena me quitaste anoche. Esa cadena es muy especial porque me la regaló mi abuela y la conservo desde pequeño. Durante la fiesta, tu me la pediste y como ambos estábamos totalmente borrachos, accedí a cambio de pasar una noche en tu cama.

Tu accediste y salimos de la fiesta, conduje el auto hasta acá pero tu te quedaste dormida y yo estaba muy cansado. De milagro no nos accidentamos o nos detuvo alguna patrulla. Bueno... el punto es que te desperté y abriste la puerta del departamento. Estabas tan mareada que decidí cargarte hasta tu habitación.

Ya dentro, comenzaste a quitarte la ropa y... pues... ahí me acobardé yo y decidí salir. Te dejé durmiendo, pero me quedé en la sala pues no quería arriesgarme a un segundo viaje en coche. En verdad que no pasó nada. Puedes estar tranquila.

Pasaron algunos minutos antes que ella decidiera salir. Me miró a los ojos pero no dijo ni una palabra. Extendió su mano y me entregó la cadena que me había regalado mi abuela. Entonces tome mi chamarra y salí, en silencio, de su casa.

Subí al auto, estaba a punto de arrancarlo cuando ella salió del departamento y se acercó a mi ventanilla. --¿Cómo te llamas? --Me preguntó -- Luis... ¿y tu?-- Sofia --Respondió con voz queda.-- Bueno, mucho gusto --repliqué --creo que ya tenemos algo que contarle a nuestros nietos. Ella movió afirmativamente la cabeza.

Encendí el coche y ella dio un paso atrás para permitirme sacar el coche del jardín, le di la vuelta y me disponía a partir pero algo me movió a pedirle su número de teléfono. Estoy seguro que por un instante, sus ojos brillaron. Se acercó de nuevo al auto y con un bolígrafo que saqué de la guantera, lo anotó en mi brazo. Nos despedimos.

Y así, mis queridos nietos, fue como conocí a su abuela. Tardé un poco en pedirle que fuera mi novia y ella no aceptaba. Se hizo la difícil, pero al final, iniciamos nuestra vida juntos.

miércoles, 20 de abril de 2011

Ella y Él.


Él sabía. Lo tenía presente pues no había momento que no la mencionara. Él era mi confidente, conocía mi secreto y no le importó en lo absoluto. Pero ella… no lo comprendo. Su actitud es completamente opuesta a su forma de ser habitual. No la reconozco, no sería capaz de verla a los ojos. No quiero mirarla.

Me es difícil precisar el comienzo, todo transcurrió tan rápido que el tiempo parece lejano y a la vez tan cercano. Mi vida ha perdido sentido y no tengo motivos para continuar. Me duele en lo profundo de mi alma y temo por mi cordura. No quiero cometer una estupidez.

Trato de obtener una respuesta clara pero sería incapaz de acercarme a ninguno de los dos. ¿Qué ha sido de mi, el chico alegre? Reducido a un mar de llanto, un corazón desconsolado y autocompasivo. Me da pena confesar esto pero tal vez la verdad y la sinceridad alivien un poco mi carga.

Debo comenzar la descripción de los hechos, la demora sólo acarrea más sufrimiento, porque aún conservo la esperanza de librarme de este pesar al confesar el terrible mal del cuál fui víctima.

Yo la adoraba… la adoro… todavía la idolatro como un ser divino, una representación de mis ideales y un paraíso en este infierno. Junto a ella me siento completo y encuentro un motivo para soportar esta infame existencia.

Mi alma es la de un idealista y un romántico. Por mucho tiempo me negué a revelar mi amor hasta que una fresca tarde de abril le confesé mis sentimientos y caí rendido a sus pies, suplicante por una oportunidad para compartir los minutos a su lado. Con gran sorpresa, ella acepto, alagada, mi humilde propuesta.

Él fue el primero en saberlo. Me abrazó y felicitó por mi atrevimiento y mi triunfo, llenó mi cabeza de alabanzas y no paraba de comentar lo mucho que había madurado. Pensé que me había convertido en un similar a él, porque yo lo admiraba y quería tener la seguridad que él mostraba.

Frente a ella olvidé mis dudas. La cuidaba como un tesoro y estaba dispuesto a dar mi vida por su bienestar. En sus ojos encontraba la paz que mi alma tanto anhelaba y yo quería ofrecerle el mundo a su disposición. Haría hasta lo imposible sólo porque ella fuera feliz pues mi más grande deseo era verla sonreír, que su felicidad nunca llegara a un fin.

Pero el tiempo es cruel y las personas lo son mucho más. Apenas una cita, un instante que había esperado la mitad de mi vida, un instante durante el cual soñaba con reunir a las personas que más amaba en la vida. Soñé tanto tiempo y por fin se cumplía mi fantasía de ver a él y ella juntos, a mi lado, como las personas que más apreciaba. Él era como un hermano para mi que soy hijo único. Ella era mi compañía y un refugio en la soledad que había dominado mi alma durante años. Juntos, a mi lado, era la persona más feliz en el universo. Dios por fin había escuchado mis plegarias.

Salimos, pues, a un festejo, de aquellos que son tan comunes en la juventud. Nos sentamos juntos en una mesa y compartimos la sal, el pan y la bebida. La euforia se apoderó de mi ser y bendije todas las cosas que me rodeaban, pues me consideraba afortunado y sentía el Divino Aliento soplando a mi favor.

La tarde fue maravillosa pero llegó el momento de partir, justo cuando las sombras se atreven a retar la magnificencia de la luz divina y el astro rey se oculta para descansar. Salimos, pues y partimos en el auto.

Él conducía, yo elegí el asiento trasero y mi amada el correspondiente al copiloto. La oscuridad envolvía la Tierra y partimos en busca del descanso… o eso pensaba.

El trayecto resultó demasiado callado, inocentemente creía que el día había mermado las fuerzas de mis acompañantes, así que respeté su silencio. Tardé en darme cuenta que el rumbo no era el planeado y que nos dirigíamos a un lugar que me resultaba desconocido.

Llegamos a un paradero de traileres apenas alumbrado. Entre las grandes cajas había un pequeño espacio y él estacionó su coche de tal forma que estaba cubierto de la luz y la carretera. Yo no pude evitar un estremecimiento al contemplar el lugar donde nos encontrábamos.

El final se acerca y ahora siento correr las lágrimas por mis mejillas, soy incapaz de soportar el recuerdo pero debo relatarlo en estas páginas, mi cordura… mi salvación depende de esto. Temo no ver la luz el día de mañana.

Yo… pregunté el motivo de la parada en este ominoso lugar. Él… me miró fijamente… sus palabras continúan haciendo eco en mi mente y mi alma… apenas me atrevo a transcribir, de manera literal, la frase que destruyó mi espíritu pero que no podrá ser olvidada: “Estamos aquí, porque me la voy a chingar”

Así de abrupta fue su respuesta… así de terrible. Lo dijo dirigiéndose a ella y mi amada tan sólo me vio un segundo a los ojos antes de apartar su mirada y hacer un movimiento afirmativo mientras él le tomaba por en medio de las piernas acariciando su pubis.

Lejos de casa, en un lugar desconocido, salí del auto y corrí sin rumbo hasta caer rendido por el sueño. No recuerdo como llegué a mi hogar, no sé en que momento comencé mi relato pero es verdadero. El futuro es incierto y mi esperanza está quebrantada. No tengo más motivos para continuar con mi existencia porque fui engañado por mi mejor amigo y la mujer que yo amaba.

miércoles, 13 de abril de 2011

El Acto.

No es gran cosa. Esto que voy a hacer, o mejor dicho, que ya hice, no es algo sobresaliente. Cualquiera con un poco de valor lo haría. Si, Valor. Aunque probablemente muchos de ustedes  me llamen cobarde pero para ese momento, ya no me importará. Ninguna de sus ofensas tendrá sentido.

¿Cuál es la diferencia si siempre me han ofendido y menospreciado? Si, soy un pobre diablo. Seguramente eso es lo que querían escuchar, porque las veces que demostré mi fortaleza, las ignoraron. Siempre me miraron con compasión, como a un animal indefenso. En eso tuve la culpa, por siempre brindar una sonrisa cuando debí dar un golpe y poner un alto definitivo, porque preferí las palabras antes que la violencia, porque actuaba confiando en ustedes... porque era un estúpido y un ciego.

Me llamaban "amigo" pero a mis espaldas se burlaban. Me llamaron "hermano" y también me llamaron "hijo" pero cuando más necesitaba a mi familia, siempre encontraba rechazo, quejas, reclamos. Nunca un abrazo de mi madre y mi padre lleva años muerto. Siempre esperando todo de mi, pero nunca dispuestos a darme un poco de su ser. La unica sinceridad que obtuve fue la que escuchaba cuando reprochaban mi pensamiento y mis acciones..

Yo no tuve la culpa de nacer con esta alma, bajo este signo maldito. Eso que lo reclamen a su todopoderoso Dios, pues  ¿no es Él quien decide y permite todo lo que ocurre en el Universo? Yo no tengo nada que reclamar pues no creo en Dios y tampoco en el Diablo. La muerte no lleva a ningún lado, no hay Paraiso, no existe el Infierno, sólo estamos solos en esta Tierra y nuestras acciones influyen en las acciones de los demás... para bien o para mal.

Nuestra libertad radica en esa verdad, en ser concientes y responsables denuestros actos, pensamientos y decisiones. No hay una fuerza más allá de nosotros guiando cada uno de nuetros pasos. Si así lo fuera, sería imposble equivocarnos, pues ¿no se supone que ese Dios es el Ser perfecto? Pero estamos solos y nos equivocamos para aprender, para experimentar, para vivir. No somos perfectos y eso es una bendición.

¿De qué manera nos afectaremos los unos a los otros? No tengo idea, pero existen acciones que generalmente y sin importar la cultura, significan un gran impacto en el grupo, familia o comunidad. A mi me afectaron sus rechazos, ahora soy yo quien los rechaza. Me despojo de esta infame humanidad y abdico a esta sobrevalorada existencia terrenal. Sepan que los maldigo a todos y cada uno de ustedes y los culpo de mis desgracias.

Carguen en la conciencia con la sangre de un pobre diablo, un imbécil, un inútil. Cientos de veces pedí una mano cuando sentí desfallecer y cientos de miles me la negaron. ¡Sientan mi extremo egoísmo! ¡Contemplen el mayor de los pecados a los ojos de su Dios! Porque hallarán este miserable trozo de papel junto al cadaver de aquel que una vez engañaron al llamarle "amigo", "hermano", "hijo".

martes, 5 de abril de 2011

Quebranto.

Primera parte.


Segunda parte.

He pensado durante mucho tiempo, buscando la causa de mis temores. Soy incapaz de verme al espejo y enfrentarme a mi mismo. Me duele contemplar mis ojos porque sé que ocultan una profunda tristeza. Han pasado tantos años y aún me siento como un niño asustado.

El insomnio se ha vuelto insoportable. Por las noches, en mi solitaria habitación, siento mucho calor en todo el cuerpo y cuando retiro las cobijas, un viento glacial me envuelve; comienza por mi espalda hasta llegar a mis pies mientras mi cabeza sigue ardiendo de fiebre imaginaria. Trato de mirar y busco alguna fuente de luz, pero los parpados me pesan y si logro descubrir mis ojos, un terrible ardor consume mi vista.

Dando vuelta tras vuelta en mi cama, el tiempo se alarga y cuento los segundos que pasan. Todo pierde sentido y cuando creo que han transcurrido horas, el amanecer aún está lejano. Prefiero la oscuridad y cubrir este despojo que algunos llaman cuerpo. El calor regresa lentamenta mientras me acurruco y cubro mi cabeza para no escuchar el exterior, me pierdo entre fiebre e imágenes de mi pasado. Nunca pienso en el futuro, pues no quiero ver rotas mis ilusiones... otra vez.

Sin querer, las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas. No son lágrimas de autocompasión, son el simple reflejo del cuerpo, una reacción natural para lubricar los ojos irritados. Estoy seguro de eso porque sólo en esos momentos es cuando puedo llorar. No me inmuto con las desgracias ajenas y a veces siento placer al contemplarlas, porque así siento que no soy el único en experiementarlas.

La poca empatía que he tenido durante mi vida ha sido cuando las personas se acercan a contarme sus problemas, siento su dolor y su debilidad. Todo mundo se esconde tras una máscara de fortaleza y se atreve a proferir injurias a aquel que conoce su dolor y lo lanza al mundo, lejos de si, como tratando de librarse de unas invisibles cadenas.

Se burlan porque fueron enseñados a "cargar con su cruz". Yo me niego a ese destino, maldigo a todos aquellos que se sientan inertes ante su desdicha, sin mover un sólo dedo y aceptan sin protestar los designios de una divinidad sorda y ciega ante los males que aquejan al ser humano. Sus ejemplos, sus ídolos, son imágenes de dolor y desdicha, su culto es un culto a la muerte que niega su origen y proclama una falsa vida.

¿Por qué tenemos que esperar la muerte del cuerpo para alcanzar la vida eterna? Así, lo mejor sería acabar de una vez con esta vacia existencia, derramar la sangre propia y de nuestros hermanos, aniquilar esta raza autoproclamada dueña de la Tierra. Pero ni eso depende de nosotros pues dicen que así nos condemanos al Infierno ¿pero que Infierno puede ser peor que esto que llamamos, simplemente, vida?

No, no le temo al Infierno, tampoco le temo a la muerte. Ahora lo sé: le temo a esta vida, porque lo único que he encontrado en ella es miseria y desesperación.

domingo, 3 de abril de 2011

Callejón.


El oscuro callejón huele feo, siempre trato de evitarlo. Prefiero no pasar cerca y nunca he caminado adentro de este. Sin embargo, me invade el morbo y quisiera saber que hay dentro que huele tan mal.

Lo más probable es que la basura acumulada sea la causa, pero a veces imagino cuerpos mutilados y gatos muertos. Cientos de ratas caminan sobre estos restos y junto con las moscas, se dan un festín digno de las cortes infernales.

Sonrío ante mi visión tan exagerada. Quizá algún día me atreva a pasar por ese callejón. Sólo quiero saber que hay dentro, pero tengo miedo. En lugares así generalmente asaltan. Los ladrones aprovechan la falta de alumbrado público para esconderse.

Ahora que lo pienso, nunca he pasado cerca de día. De noche es fácil imaginarse tantas tonterías, pero de día las cosas se vuelven simples. Por eso me gusta más la noche.

De día, los comerciantes de la cuadra deben aprovechar para arrojar toda la basura que generan sus locales. Puede que haya personas refugiándose en ese lugar. Ya somos demasiado en la ciudad y no hay espacio para tantos. 

viernes, 1 de abril de 2011

Atotonilco.

Andando de feria en feria por el estado de Hidalgo, se ven muchas cosas. Algunas son hermosas; la naturaleza, por ejemplo. Otras son divertidas, como los borrachines de madrugada. Pero hay algo que me molestó y fue en el pueblo de Atotonilco.


Tal como lo ven: un niño de aproximadamente 8 años de edad, trabajando de sol a sol vendiendo paletas. Cuando tomé esa foto eran las 4 de la tarde y ya llevaba dando varias vueltas por el lugar.

Pero lo que más me dio coraje fue que después de entregar el carrito de los helados, el poco dinero que traía en los bolsillos le fue robado en un juego de azar que a todas luces era un fraude. Claro, el propietario del juego ese también se hacía acompañar por un niño de la misma edad que servía para enganchar a las víctimas del fraude.

Pues si... viva Mexico mágico y surrealista.

jueves, 3 de marzo de 2011

¿Dónde están Los Escritores?


Un día salí a buscar un escritor, alguien que pudiera enseñarme el oficio. Primero pensé que de seguro los encontraría en las Universidades y en las escuelas. Un oficio tan noble debe ser practicado en las instituciones educativas.

Al llegar a la Universidad pregunté por Los Escritores y nadie supo decir dónde estaban --¿Pues no son ellos quienes dan clases de Lingüística, Literatura y Filosofía? –No –Dijeron –Para esas asignaturas tenemos a Lingüistas y Filósofos. No alcancé a comprender la respuesta pero no me di por vencido.

Encaminé mis pasos a las Bibliotecas y Librerías. En las primeras me pidieron guardar silencio y contentarme con leer los libros que ahí guardaban. En las segundas, había más ruido pero no me dejaban leer sin antes comprar un libro y los que ahí exhibían eran bastante caros. Pregunté a los encargados por los autores de los libros, dijeron que muchos ya estaban muertos y otros tantos nadie los conocía.

Salí desconcertado y sin idea de dónde más buscar. Mis pies me llevaron por Museos, Teatros, Cines, Restaurantes y Hoteles de 5 estrellas (tan distinguidas personas deben hospedarse en lugares así ¿cierto?). Todo fue inútil.

Sin obtener resultados de mi búsqueda, caí en desgracia. En mi desdicha caminé por calles sombrías, túneles malolientes y bares de mala muerte. En la soledad y el alcohol quise olvidar mi fracaso.

Me encontraba ahogado de borracho una vez más, preguntando al cantinero lo mismo que había preguntado a tantos otros: ¿Dónde están Los Escritores?. Él volteó sin prestar atención a los desvaríos de un pobre diablo como yo, pero un individuo sentado a mi lado tomo mi brazo para llamar mi atención.

Me di cuenta que se encontraba igual o más alcoholizado que yo. Llevaba varios días sin bañarse, de lo cual me percaté a pesar de mi estado, por cierto aroma fétido que exhalaba su persona. De amplia frente y melancólicos ojos, portaba un abrigo negro como su revuelto cabello. Este abrigo era, evidentemente una vieja adquisición puesto que lucia raído. Este hombre que describo, se acercó y susurró a mi oído: Yo soy un escritor.

La realidad nos golpea con tanta brutalidad que pocas veces la aceptamos. Preferimos huir, voltear la mirada… sencillamente ignorar lo que nuestros ojos ven. Somos incapaces de soportar eso que llamamos Realidad porque al final de cuentas ¿Qué es la Realidad? ¿Cómo sabemos que nuestros sentidos no nos engañan?

Después de la confesión de aquel vago solté una carcajada. Enardecido por el brandy, reí durante mucho tiempo hasta que vomité y me sacaron a golpes del establecimiento. Terminé dormido a la entrada de aquel nefasto lugar.

Desperté con una extraña sensación. No puedo explicar por qué, pero llamé a la puerta del antro y el dueño estuvo a punto de darme otra paliza. Logré calmar su furia y pregunté por mi interlocutor de la noche pasada y dijo que no lo conocía. Resulta que aquel tipo casi siempre llegaba cuando se le había acabado el dinero, completamente embriagado, a pedir un último vaso de vino. Terminaba su bebida y salía sin dirigir palabra a persona alguna.

En una ocasión le llamaron Edgar pero dudaba que ese fuera su nombre verdadero- El cantinero creía que era un fumador de opio y prefería no meterse con esa clase de personas.

Nunca más supe de aquel pobre hombre. Por eso ahora escribo estas líneas, con la esperanza de recibir ayuda, alguna pista que me lleve a su paradero. De mi experiencia aprendí que Los Escritores no están en el lugar que les corresponde. Ellos están en la calle; aquellos limosneros que cantan su vida acompañados de un viejo tambor, ancianos que cuentan la historia de la ciudad, borrachines que no paran de hablar sobre su infernal vida, porque para ser escritor, lo único que se necesita es tener algo que contar.

Reclutamiento y selección.


El color café domina el ambiente; sillas, alfombra y columnas. Las paredes están pintadas de gris. La luz de la sala de espera es muy brillante, tanto que lastima la vista. El joven, nervioso, voltea hacia ambos lados y descubre a otras personas: unos distraídos mirando un punto en la pared que tienen enfrente, otros charlando a murmullos, algunos cabeceando por el cansancio y unos más mirando de reojo, desconfiados.

El joven suspira profundamente y deja volar su imaginación. Apenas alcanza a vislumbrar la hipotética situación del futuro cuando una voz femenina, con un tono de falsa amabilidad, pide la atención de todos los presentes.

Todos centran su mirada en la fuente de tan desagradable voz: una señora con vestido gris y blusa blanca con cuello de holanes. Aparenta unos cuarenta años muy mal vividos pues tanto cabello como rostro se notan maltratados. Grandes arrugas cubren su frente y feos granos descomponen sus facciones. Sumando un tinte rubio con tono verdoso y mal rizado en el cabello, el aspecto general que da es el de una bruja. Así lo piensa el joven.

La Bruja orden entregar los documentos que requieren para ingresar y posteriormente formar dos filas: una de hombres y otra de mujeres. El recinto se llena de ruido de sillas moviéndose, de pasos, murmullos y hojas de papel. Cumplidas las órdenes, las filas caminan casi de forma marcial hacia una habitación con la misma decoración pero más pequeña y vuelven a tomar asiento. Al frente hay 2 puertas, una junto a la otra, izquierda y derecha. Izquierda para hombres, derecha para mujeres. El joven no puede evitar pensar en un gran baño público.

Otra vez sentado, mirando a su alrededor, en silencio mientras uno a uno son llamados a cruzar las puertas y se pregunta ¿qué hay detrás de ellas? Cada que sale una persona, salen con una sonrisa en el rostro pero lo más intrigante es el sobre blanco que llevan en la mano. ¿Será dinero?

El joven escucha un nombre que le es familiar, el suyo. Le llama un atractivo hombre vestido elegantemente. El joven responde al llamado y cruza la puerta a la vez que le invitan a tomar asiento. El hombre atractivo se presenta, de manera pomposa, como evaluador, pero no dice claramente su nombre.

El Evaluador mueve las manos de forma armoniosa y sus palabras suenan dulces y llenas de esperanza, sin embargo, el joven no entiende. Mira a los ojos del evaluador sin comprender lo que dice, este le extiende un sobre blanco, el joven lo toma y regresa a la sala anterior. Siente las miradas suspicaces se apresura a tomar asiento.

Un hombre gordo llama a todos aquellos que tienen sobre blanco y les hace pasar a una sala mucho más amplia y totalmente gris. Todos los presentes tienen una mueca parecida a una sonrisa, sus ojos miran al vacío.
El Gordo observa fijamente al joven y le pregunta por qué no sonríe. Sin detenerse a reflexionar, adopta un gesto similar al resto, que desaparece al momento de voltear el gordo a recibir a más y más personas, todas con sobre blanco en la mano.

El joven se da cuenta que la sala se encuentra llena y sin saber cómo, esta se ha convertido en una especie de escenario de teatro, completamente gris. Sobre el escenario, El Gordo pintado como payaso y vestido de traje. Todo mundo ríe, aplaude y grita mientras el joven sigue sin comprender qué es lo que pasa. El Gordo comienza a hablar del DINERO y del SECRETO. Grita extasiado algo sobre la realización de los sueños y al momento todo da vueltas mientras la atronadora voz del gordo continua su monólogo. Hay más risas, más aplausos, más gritos.

Un par de perros Caniche vestidos con traje y corbata aparecen en el escenario. Corren alrededor del gordo lamiendo sus zapatos y ladrando al público. El calor es sofocante y una estúpida y repetitiva melodía acompaña la voz y los ladridos del gordo y sus perros. Se crea una cacofonía insoportable que es vitoreada por los demás asistentes mientras el joven trata de cubrir sus oídos y sus ojos al paroxismo que tiene a su alrededor.

De pronto todo termina. El escenario desaparece y el gordo, ya sin maquillaje, agradece uno a uno a su público, dándoles un asfixiante abrazo. Pero el espectáculo no ha terminado, el segundo acto está por comenzar y todos son conducidos a otro espacio. El joven deja su lugar en la fila y voltea para darse cuenta que el resto alaba al gordo como si fuera un Dios y le ofrecen, “en sacrificio”, el sobre blanco que tienen en la mano. El gordo guarda en sus bolsillos las ofrendas y suelta una terrible carcajada.

El joven sale en silencio del edificio y contempla a miles más esperando su turno para ingresar. Mientras se aleja, recuerda que todavía lleva el sobre blanco, decide abrirlo y encuentra una hoja blanca con la frase “Deposite aquí la cantidad señalada”.  

viernes, 18 de febrero de 2011

Intento de poesía barata.


Sonriendo por la ventana
Me asomo a contemplar tu mirada
Pero de tu cuerpo no muestras nada
Y así solito me quedo con las ganas.

De regreso a mi oscura habitación
A ver una película de mi colección
Para olvidar tu traición
Y lo roto de mi corazón.

Pero llevas las de ganar
Y tu foto sigue enmarcada
Con sumo cuidado, muy bien labrada
En mi mente despiadada.

Y una lagrima escurre por mi mejilla
Recuerdo el tiempo que fuimos a la villa
O cuando se armó aquella rencilla.
¡Imposible olvidar a la pandilla!

Un día sin mas te fuiste.
Soporté ese día tan triste.
Busqué algún refugio
A tu partida sin anuncio.

En el alcohol encontré un amigo
Él siempre estaba conmigo
Hasta que un día peleamos
Por el amor que compartimos.

De regreso a la soledad
Lejos de cualquier banalidad
Y con unos toques de Risperdal
Para soportar esta pinche realidad.

Quizá sea hora de claudicar.
Puede que de tanto amar,
Mi corazón esté por estallar.

miércoles, 12 de enero de 2011

No vives con ella.


No amigo, es que tu no entiendes porque no vives con ella, no sabes de lo que te hablo porque tu eres soltero y no te preocupas por otra persona aparte de ti. De verdad, esta situación se está volviendo insoportable.

viernes, 7 de enero de 2011

Un cuarto de siglo.

Conocí a Juan Rulfo por casualidad, de esas veces que andas vagando por las calles y entre los puestos te encuentras con una nota de él en un periódico.

Juan Rulfo. Me gustó como suena el nombre, eso sin mencionar que somos tocayos. Tenía como 15 años y ni idea de que el señor escribía. Al llegar a la prepa, en esas visitas forzadas a la biblioteca, cuando me obligaban a ignorar la sección de Literatura para meterme de lleno en Matemáticas, escape unos 5 minutos para “tantear el terreno”, ver que historias podía encontrar en un estante casi vacío.

Ahí estaba de nuevo: Juan Rulfo. El título del libro: El llano en llamas. Lo primero que me vino a la mente fue una novela de guerra. Imaginé una lucha entre franceses y una facción desconocida. Una historia heroica, del tipo Hollywood, con muchos disparos y explosiones y al final, un cabrón bien maldito sacrificándose por su patria. Muy alejado estaba de la realidad.

Yo creo firmemente que, así como los maestros llegan cuando el alumno está listo, los libros llegan cuando la persona los entiende. Tardé otros 5 años para leer “El llano en llamas”. Andaba de curioso en una librería y vi el mencionado. Color café, pequeño, una bonita portada, papel grueso y letra grande. Sin pensarlo me dirigí a la caja y pague lo correspondiente.

Comencé a leer al abordar el camión de regreso a casa. Para cuando llegué a mi destino, estaba completamente enamorado de la prosa de Juan. El libro comienza con el cuento “Nos han dado la tierra” Nunca había leído a una persona describir, con tanta belleza mezclada con nostalgia, un llano. Simplemente la historia de 4 personas que caminan por un llano, bajo un ardiente sol.

Un cuento fácil, pero que encierra tanto significado, que muestra las ilusiones y debilidades del ser humano, que deja entrever el alma del autor y de los personajes.

El libro continua bajo esa línea. Sublime en todos los aspectos, tan diferentes los personajes, tan llenos de vida, de esa vida que se nos escapa cada segundo. Y de esa tierra, de México y su “realidad” porque no escribe de una “realidad” sino de muchas. Y cada página lleva impresa el alma de nuestra gente, de nosotros mismos y del autor.

Así conocí a Juan Rulfo y digo lo conocí porque siento que su obra mostró su verdadero ser. Sobra decir que a la semana siguiente corrí a comprar su novela Pedro Páramo. Ambos libros se convirtieron en mis favoritos inmediatamente.

Hoy se cumplen 25 años de su muerte y si no has leído ninguna de sus historias, es tiempo de que te acerques a ellas y a su autor. Te aseguro encontrarás un maravilloso tesoro de las Letras Mexicanas.

Descanse en paz Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno.
16 de mayo de 1917 - 7 de enero de 1986.