La última vez que me visitaron se despidieron de mi como las veces anteriores. No hubo abrazo especial, ni palabras reconfortantes. Sabía que para ellos era una vergüenza, así que no esperaba más cariño de su parte. Encerrarme aquí fue la única solución que se les ocurrió para detener mi excentricidad. No los culpo, ellos tenían una posición social que defender.